Chikilicuatre hoy ha perdido las gafas en el escenario. Como cómico tiene talento, como cantante es patético, mejor dicho, se esfuerza por ser patético.
Chikilicuatre es la mezcla de 3 efectos perversos o geniales según se mire. La situación actual de la televisión, en la que vale todo con tal de conseguir audiencia; las posibilidades virales de internet; y la falta de experiencia, reglas del juego implícitas y explícitas de la democracia virtual.
Entre los usos que damos a internet está el de dejar sacar a pasear nuestro pequeño demonio interior, en algún caso se trata solamente de hacer un comentario salido de tono en un foro, en otros casos acceder a algunas fotos que en el kiosko sólo miraríamos de reojo. En otros casos los límites se sobrepasan y se ejecutan acciones ilegales por personas que no las habrían emprendido de no tener este medio a su alcance.
Uno de los peligros más inesperados es el de sacar nuestro pequeño demonio de manera colectiva. Es evidente que votar a Chikilicuatre para que nos represente en Eurovisión fue una manera de dar un voto de castigo a un concurso que poca gente en España se toma en serio. Fue un voto al concurso, no al cantante. Esto se combina con que España no está obligada a jugarse el pase en las semifinales, lo cual empeora las cosas.
En el futuro el poder de los votos virtuales probablemente irá en aumento. O los votantes nos proponemos unas reglas de juego, o aprendemos a interpretarlos, o la progresiva formalización de la red reducirá el anonimato y dejaremos de poder sacar a pasear nuestro pequeño demonio.
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