
Michael Jackson
Después del primer artículo sobre Michael Jackson, a propósito de su vuelta a los escenarios, el artículo empezó a tener un razonable nivel de visitas. El día de su muerte el número se multiplicó por 300.
Ha habido una auténtica explosión de reconocimiento por parte de los fans que, hasta ahora, estaban callados. De hecho, en los comentarios se puede ver como el número de personas que critican sin paliativos a la ex estrella es una minoría (no despreciable, pero minoría) con respecto a los que se centran en su recuerdo positivo y admiración de los logros.
Esta observación me lleva a reflexionar que las expresiones negativas y agresivas siempre tienen más repercusión que las positivas y que estas últimas son por definición más tímidas. Estamos en una tiranía de las opiniones negativas.
Estos días rivalizan los programas en los que se recuerda su música y vídeos con las polémicas y conspiraciones sobre su muerte y su legado.
Espero que en este caso prevalezca la admiración (aunque sea a la música y no a la persona) y pase la crítica.
Su música ha estado demasiado oculta bajo los mismos velos que su cara, es el momento de volverla a detapar.
Los últimos conciertos de Michael Jackson
Archivado bajo: Actualidad, Familia, Medios de comunicación, cuarentón, educación, tradiciones | Etiquetado: conspiraciones, herencia michael jackson, música, Michael Jackson, neverland, rey del pop | 3 Comentarios »
La semana pasada leí el primer artículo que me creí de qómo se va a salir de la crisis. Era en el Economist. Sobre una conferencia de un premio Nobel de la London Business School.
No se si será verdad, pero se dice que las avestruces, cuando tienen miedo, meten la cabeza en la arena para protegerse del peligro. La leyenda sigue diciendo que con la cabeza hundida se lían a patadas contra todo lo que se mueva con sus poderosísimas extremidades. Yo juraría, por sentido común, que lo mejor que puede hacer una avestruz con sus patas es echar a correr. Pero demos la leyenda por buena hoy.
LLegados a un punto, normalmente por encima de cualquier parte impúdica, hay que tomar una decisión y después de un momento de colapso, normalmente de espadas, me entrego al mar. Primero todo el cuerpo, finalmente la cabeza. Se hace el silencio, mejor dicho, solo aquel sonido de las pocas burbujas que salen por la nariz, un sonido igual al de hace uno, dos, veinte, treinta años, igual el mio que el de los millones de otras personas durante siglos.


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Es necesario tener una cierta estabilidad en las alternativas, necesitamos tiempo para clasificarnos. Reflexionar, observar cómo se ubica nuestro entorno, quienes tendríamos a favor y quienes en contra.



